domingo, 29 de septiembre de 2013

Adelanto de World After en español

ok, fui muy mala al dejar el adelanto de world after en ingles así que aquí les traigo el adelanto en español:


Estamos en el aire. 

Me aferro más, y él me coloca de modo que estoy abrazándolo como un niño, con mis piernas envueltas alrededor de su cintura. Está cálido incluso mientras noto las ráfagas de viento del océano en mi espalda. Alcanzamos altitud a una altura aterradora, pero sus brazos a mi alrededor son seguros y no puedo evitar sentirme tranquila. 

Esa sensación no dura mucho pues entre las alas de Raffe veo un atisbo de lo que está detrás de nosotros.

Achispados o no, los ángeles no tienen ningún problema en armarse en vuelo. El ver unas alas de demonio seguramente les haya incitado porque hay más ángeles persiguiéndonos de los que vimos en la playa. Vuelan a través de los fragmentos de niebla iluminados por puntitos de luz de fuego mientras nos deslizamos por encima de las negras olas. 


Se supone que los ángeles son hermosas criaturas de luz, pero los que nos están persiguiendo parecen más una nube de demonios que arrojan luz entre la niebla. Raffe debe pensar algo similar porque aprieta su abrazo en mi cintura como diciendo “no esta vez”.

Él toma una curva y vuela más lejos de la costa donde la niebla se convierte en una manta. Se desliza hacia abajo, hacia el agua, donde la niebla es espesa y las olas son más fuertes. 

Estamos tan abajo que el océano se pulveriza sobre mi debido a la marea. Hay oleaje que se convierte en aguas bravas rodeándonos. Se siente como miles de kilómetros de negras y furiosas olas. 

Raffe gira hacia un lado, luego hacia otro. Hace movimientos rápidos e inesperados después de ir recto durante un rato. Maniobras de escape. 

La niebla es tan gruesa que nos da una oportunidad de que los ángeles solo persigan sombras. Los rugidos de las olas y el viento significan que los ángeles no pueden escuchar las alas de Raffe mientras bombean a través del aire. 

Tiemblo contra su cuerpo. La helada pulverización del océano y su viento me están congelando hasta el punto de no ser capaz de sentir mis brazos alrededor de su cuello o mis piernas alrededor de su torso. 

Nos deslizamos en silencio, atravesando la noche. No tengo ni idea de lo cerca que están los ángeles o de si están pisándonos los talones. No escucho ni veo nada en el resplandor de la niebla. Damos otro giro brusco hacia el océano. 

Un rostro aparece en la niebla. 

Detrás de él, unas enormes alas con plumas del color de la niebla. 

Está demasiado cerca. 

Se choca contra nosotros. 

Damos vueltas sin control, alas de murciélago enmarañándose con las de plumas. 

Raffe bate sus alas con sus extensas guadañas y agujerea las alas de plumas. Las cuchillas alcanzan de lleno las capas de plumas hasta que llegan al hueso de las alas del ángel. 

Entonces todos comenzamos a dar tumbos juntos en masa mientras caemos a través del aire. 

Raffe nos estabiliza con triunfo pero no puede luchar con sus alas y volar al mismo tiempo. Él desenreda sus alas mientras el ángel alcanza su espada. 

Raffe no tiene espada. 

Y él me tiene a mi, cien libras de peso muerto que solo conseguirá estropear su equilibrio y su técnica de combate. Sus brazos me agarran en vez de liberarlos para luchar. Sus alas necesitan funcionar mucho más duro para mantenernos en vuelo a ambos. 

Mi único pensamiento es que no pienso terminar realmente muerta esta vez en los brazos de Raffe. 

No voy a ser una herida en su alma. 

El ángel saca su espada. 

El haber entrenado con todas estas cosas me hace saber que hay armas que necesitan distancia para poder ser usadas de manera eficaz. La espada es una de ellas. 

Ahora mismo, el ángel tiene suficiente espacio entre nosotros como para alcanzarnos y levantar la espada para dividirnos en dos. Pero si nos acercamos a él, lo único que podrá hacer será un pequeño corte. 

Es solo agua. Puede que esté fría como el hielo, pero no me matará si me caigo.



Al menos, no de inmediato. 

Es increíble como tantas veces hemos tenido que usar nuestros instintos de supervivencia para sobrevivir. Aprieto más mis piernas a su alrededor y alejo la parte superior de mi cuerpo de él. 

Sus brazos se abren en un atisbo de sorpresa antes de volver a apretarse de nuevo a mi alrededor. 

Y eso es el tiempo que necesitaba para levantar mi brazo y agarrar la espada del ángel en una mano y su camisa de cuello alto en el otro. 

Bloqueo mi codo y sostengo el mango de su espada para que no se balancee hacia nosotros. Me aseguro de que él no tenga la fuerza suficiente como para aplastar mi hombro. Con mi otra mano, le doy un tirón hacia adelante. 

Todo ocurre en un segundo. Si el ángel había estado esperando ese movimiento, no hay manera de que me hubiera dejado efectuarlo. Pero, ¿qué atacante espera que su víctima se le acerque? 

Sin sus alas completamente en control para equilibrarlo, me las arreglo para acercar al ángel, excepcionalmente ligero, hacia nosotros. 

De cerca, su espada es una amenaza menor, pero Raffe se ve obligado a volar torpemente para evitar que destruya su ala con la hoja de la espada. Nos tambaleamos en el aire, no muy por encima de las olas. 

Raffe me agarra con un brazo, utilizando el otro para defenderse del otro ángel que está tratando de darle un puñetazo. 

Me inclino y agarro la empuñadura de la espada. No tengo la oportunidad de quitársela, pero podría ser capaz de distraerlo de su pelea con Raffe. Y, quizá, si tengo suerte, a lo mejor puedo convencer a la espada de que un usuario no autorizado está tratando de empuñarla. 

Luchamos en el aire, moviéndonos torpemente, después, ganamos un poco de altitud, flotando y girando hacia arriba y hacia abajo por encima del agua. Me las arreglo para empuñar la espada con ambas manos y, aunque no puedo quitársela de las manos del ángel, puedo moverla.

Tan pronto como lo hago, la espada se vuelve pesada, tan pesada que los brazos del ángel flaquean.

—¡No! —grita el ángel. En su voz hay horror de verdad mientras la espada amenaza con caerse de nuestras manos. 

Raffe le golpea con su brazo libre. El ángel se tambalea hacia atrás. 

Su espada cae, y desaparece en el agua. 

—¡No! —grita de nuevo, una incredulidad horrorizada asoma en sus ojos mientras observa como el oscuro agua se traga su espada. Supongo que no tienen ángeles de buceo para recuperar espadas y demás objetos de valor del fondo del océano. 

Él ruge con un grito de guerra hacia nosotros, y puedo ver la sed de sangre en su desencajado rostro. Luego carga hacia nosotros. 

Dos ángeles más aparecen entre la espesa niebla.

Era de esperar, teniendo en cuenta todo el ruido que estaba haciendo el ángel, pero mi corazón da un vuelco cuando los veo.

Los tres vienen hacia nosotros. Raffe da un giro y vuela hacia el mar abierto. 

No hay manera de que él pueda escapar de ellos conmigo ralentizándolo. 

—Déjame ir —digo en su oído. 

Raffe me abraza más fuerte como diciendo que no va a discutir sobre eso. 

—Ambos estaremos más seguros si me dejas caer al agua en vez de ralentizarte con mi peso durante una lucha — Aún así, me sigue abrazando—. Puedo nadar, Raffe, no es gran cosa. 

Algo grande se estrella contra nosotros desde atrás. 

Y los brazos de Raffe me sueltan. Nos distanciamos. 

Ese primer momento de la caída se siente como a cámara lenta, amplificando cada sensación. Una reacción instintiva de supervivencia me hace moverme para agarrar lo primero que pille. 

Una mano agarra aire. La otra, una punta de un ala con plumas. 

Teniendo todo mi peso sobre una de las alas del ángel, hace que se retuerza y vaya fuera de control. Yo canalizo todo mi pánico en mis manos. 

Entonces, nos sumergimos en el océano juntos.

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